Si desea descargar un sonido de nuestro reproductor, pinche con el ratón sobre el título del sonido seleccionado.

domingo, 5 de febrero de 2012

Los tontos útiles de un Ayuntamiento acongojado

Francisco C. Aleu. La decisión municipal de dejar en manos de las hermandades el montaje de la Carrera Oficial coloca de nuevo a los cofrades en el punto de mira de una ciudad asolada por la crisis económica y la conflictividad social, como si acaso el colectivo fuera responsable no ya sólo de esta auténtica catarsis, sino también de las siete plagas que asolaron a Egipto o de que el Madrid de Mourinho sea incapaz de ganarle al Barcelona aún jugando al futbolín.

El Gobierno local lleva siete meses anunciando la adopción de medidas contundentes para tratar de sacar al Consistorio del atolladero económico en el que se encuentra. Sin embargo, lo cierto es que a día de hoy no se ha aplicado ni una sola de esas decisiones, unas veces por mera aritmética electoral y otras por verdadero canguelo. Ahora, el mismo Ejecutivo que se viene inhibiendo al respecto del vergonzoso asentamiento chabolista de la plaza del Arenal o que permitió una acampada -sin derecho a aseo- en las propias dependencias municipales, se muestra inflexible ante los cofrades, convertidos así en tontos útiles de una suerte de campaña de lavado de imagen previa al 25-M.

Se admite que no puede garantizarse el montaje de la Carrera Oficial dado el nivel de crispación social que vive la ciudad, que es algo así como reconocer que los jerezanos estamos en manos de un puñado de sindicalistas y que son ellos quienes realmente gobiernan la ciudad. Así, lo mismo que una mañana deciden -y se les permite- que no circule ni un autobús, otro día pueden decretar que el Cristo de la Expiración se quede en San Telmo, que Jorge Lorenzo no entre en el circuito o que en el Disco Rojo no se baile ni una sevillana más.

Esto de trasladar a la opinión pública la idea de que los cofrades somos los culpables de todos los males que asolan al planeta no es nuevo. El anterior Gobierno local dejó correr la bola de que el montaje de la Carrera Oficial suponía un coste de 300.000 euros para las arcas municipales, pero nunca puso los números reales sobre la mesa, sencillamente porque no podía. Esta semana, Francisco Lebrero, que fue teniente de alcalde de ese mismo Gobierno, ha reconocido públicamente que el montaje de los palcos no costó ni un euro al erario público en 2011. Y no se le ha caído la cara de vergüenza.

Con todo, la culpa de que a las hermandades se les tome por el pito de un sereno no la tienen los políticos, la tenemos nosotros mismos, unas veces porque no nos hemos dado a valer y otras por la falta de independencia que procuró quien durante un cuarto de siglo manejó todos los hilos de la ciudad.

Ese vergonzoso sometimiento al poder municipal hizo posible, sin ir más lejos, que el pleno de hermanos mayores se pasara por el forro de sus caprichos las decisiones adoptadas por los cabildos soberanos cuando se planteó una reforma de la Carrera Oficial que el tiempo ha confirmado como uno de los grandes desatinos de la historia de la Semana Santa de Jerez.

El pleno de hermanos mayores se encuentra ahora en la encrucijada de decidir acerca del montaje de los palcos. No son pocas las voces que dejan entrever la posibilidad de que se prescinda de ellos. Una actuación en este sentido acrecentaría aún más si cabe la sensación en la opinión pública de que las hermandades están de algún modo tuteladas por el poder municipal. Por el contrario, asumir la tarea provocaría justo el efecto contrario.

Las hermandades deben asumir el montaje de la Carrera Oficial si de una vez por todas quieren marcar distancias con el Consistorio. Sólo a partir de ahí será posible abrir un nuevo tiempo en unas relaciones donde no son las cofradías quienes deben subordinarse al poder municipal, sino justamente lo contrario. Unas corporaciones centenarias que vertebran a buena parte de la ciudadanía no pueden estar a expensas de los caprichos del político de turno.

En Jerez hay dos fiestas catalogadas de Interés Turístico, y una de ellas es la Semana Santa. No parece de recibo que las hermandades asuman en exclusiva el coste de un evento que beneficia económicamente a buena parte de la ciudad. Después de la decisión adoptada por el Ayuntamiento, las cofradías no reciben ya ningún tipo de apoyo institucional. Tampoco cuentan con el respaldo de los hoteles, ni siquiera de los bares. De la Semana Santa se aprovecha todo el mundo, pero nadie, absolutamente nadie, pone de su parte para mantenerla.

Las televisiones generan ingresos publicitarios extraordinarios gracias a la retransmisión en directo de esa Carrera Oficial que nadie quiere, pero en la que no faltan las cámaras; y los mercanchifles venden escudos y reproducciones de nuestras imágenes, cuando no vídeos y fotografías. Y todo por la cara, aprovechándose de la candidez y generosidad del colectivo más vilipendiado de la ciudad.

La Semana Santa de 2012 tiene que marcar un antes y un después en demasiadas cosas. Quizá el Ayuntamiento, con su inédita inhibición, esté abriendo el camino hacia una nueva etapa en la que las hermandades deban hacer valer el peso de su historia, su enorme caudal humano y su aportación económica a una ciudad que en el mes de enero generó diariamente medio centenar de desempleados. Igual este brutal incremento del paro también es culpa... de los palcos.

0 comentarios :

Publicar un comentario

Agenda