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lunes, 4 de abril de 2011

"La Semana Santa se está pregonando sola desde hace tres semanas"

Entrevista a José Antonio Zarzana Marín, Pregonero de la Semana Santa de Jerez 2011

Francisco C. Aleu. Lleva apellido de pregonero, pero no ha dado un pregón en su vida. Se estrena en una semana, en el incomparable marco del Teatro Villamarta y justo en el treinta aniversario del Pregón de su padre. José Antonio Zarzana es el encargado de anunciar la llegada de la Semana Santa.

—Hace unos días terminaba de escribir su Pregón y lo entregaba al Consejo, para su edición. ¿Está satisfecho con el trabajo realizado? ¿Era lo que buscaba?
—Sí, estoy satisfecho. Lo que más me ha gustado de todo este tiempo ha sido la posibilidad de hacer una introspección de la Semana Santa, trasladando al papel cosas que había sentido pero que nunca había expresado. Creo que ha sido lo más gratificante.

—¿Qué van a encontrar en una semana quienes tengan la oportunidad de estar en el Teatro Villamarta?
—Van a encontrar una disertación formal de un infinito amor a Jerez y una infinita admiración por el pueblo de Jerez y por todas aquellas personas que hacen posible la Semana Santa. También diría que van a encontrar una visión diferente de la Semana Santa. En definitiva, trato de mostrar la misma Semana Santa de siempre pero vista desde una óptica diferente. Por eso me refiero a cosas que siempre han estado ahí y que nos emocionan a todos pero que nunca se han llevado a un Pregón. Son cosas con las que convivimos durante una semana sin que a veces nos demos cuenta.

—¿Y cuál es esa óptica desde la que contempla la Semana Santa?
—Quizá me base un poco en la visión que del español tenía Gregorio Marañón, que llegó a entender al pueblo español como nadie. Yo soy yo y mis circunstancias. Eso me ha pasado a mí. El pueblo de Jerez también tiene sus circunstancias y esas circunstancias forman parte de la Semana Santa. El Pregón no pretende ser un alegato de la Semana Santa, porque no hace falta que nadie la defienda ni la pregone, porque se está pregonando sola desde hace dos o tres semanas, cuando los azahares empezaron a inundar de aroma la ciudad. Jerez podría prescindir del Pregón, pero es bonito que exista. Lo que yo diga no va a cambiar el curso de la Semana Santa ni de la historia, de modo que partiendo de esa base trato de ofrecer mi visión personal de ella.

—Entiendo por tanto que ya tiene bastante trabajo adelantado, por cuanto el hecho de que la Semana Santa se
pregone por sí misma supone que lo único que hace falta es que alguien anuncie su llegada de manera más o menos oficial...
—Claro. Lo que ocurre es que cuando a uno le encargan que escriba el Pregón no huele a azahar ni existe un recuerdo remoto de la Semana Santa. En octubre o en diciembre no puedes tener la misma motivación para escribir que ahora. De hecho, si hubiera escrito el Pregón en estas últimas semanas estoy seguro de que sería muy distinto. Empecé en noviembre porque era consciente de mis limitaciones. Esto me ha llevado a tomar una cierta distancia. La Semana Santa es como un cuadro impresionista, que cuanto más cerca estás de él, menos claro lo ves. Estar lejos de la Semana Santa me ha permitido ver trazos y figuras que de cerca no se ven.

—¿Tiene su Pregón algún hilo conductor o algún esquema predefinido?
—El Pregón es una obra anárquica, como lo es la propia Semana Santa, aunque luego todo tiene un orden. A una persona que viene de fuera la Semana Santa le parecerá una anarquía total, porque encontrará calles cortadas, pasos que van y vienen..., aunque luego todo tiene un sentido. Durante unos días, esta ciudad queda prendida como de una especie de sortilegio y empieza a emanar sentimientos por cada esquina que tú te vas encontrando. De este modo, lo mismo te encuentras a un borracho en una esquina cantando una saeta que te encuentras a dos nazarenos que vienen de hacer su estación de penitencia. Y todo eso es Semana Santa. Todas esas cosas suceden en apenas un par de kilómetros cuadrados.

—Esa es la magia de la Semana Santa...
—Claro. Es una ciudad que en siete días acumula todas las gracias y los dones, todo el encanto decadente de lo cofrade, que es algo trasnochado y bello a la vez. Los cofrades somos los depositarios del barroco andaluz. Los cofrades somos posiblemente los andaluces más consecuentes con su historia, porque estamos siempre a la búsqueda de nuestra identidad. Todo eso cohabita en esta ciudad durante una semana.

—¿Cómo recibió la invitación del Consejo?
—Con profunda incredulidad, porque no he dado un pregón en mi vida. No tenía ningún interés en este asunto, lo que pasa es que luego empecé a pensar en que se cumplía el treinta aniversario del Pregón de mi padre y que probablemente no tuviera otra ocasión para que él me viera como pregonero en el Teatro Villamarta. Escribo poesía satírica desde que tengo diez años y la Semana Santa tiene un filón satírico impresionante, pero trataré de obviarlo en el Pregón, aunque algo aparecerá.

—¿Qué papel ha desempeñado su padre en todos estos meses?
—Habrá quienes piensen que mi padre me ha podido ayudar. Quienes conocen su estilo verán que esto no tiene nada que ver con lo que él hace. Me ha aconsejado mucho sobre todo en la conducta que tenía que adoptar. Lo que más me ha costado ha sido la pérdida de mi felicísimo anonimato y mi padre ha sido un poco el que me ha animado a aparecer por ciertos sitios. No sabía cómo iba todo esto y él me ha ido aconsejando a dónde debía ir y lo que tenía que hacer. Soy muy diferente en la forma de expresarme. Quien espere algo parecido a lo que hizo mi padre igual se siente algo decepcionado.

—Como ha recordado anteriormente, se cumplen ahora treinta años de su Pregón...
—Mi padre es una persona excepcional. Le debo muchísimo y creo que el Pregón de la Semana Santa también. El Pregón de Jerez tiene mucho de mi padre. Creo que es la persona que más veces ha subido al atril de Villamarta, incluidos su Pregón y las presentaciones de otros pregoneros. Recuerdo que aquel Pregón lo vivimos de una manera muy especial. Creo que se marcaron un estilo y unas formas que ya se mantuvieron en el tiempo. Por ejemplo, fue entonces cuando se estrenaron las primeras pastas y también cuando mi madre organizó el primer desayuno de los pregoneros, que se hizo en mi casa. Mi padre no ha dado ningún consejo. Me ha valido con su ejemplo.

—¿Con qué vivencia se queda?
—Lo más bonito que he vivido en estos últimos meses ha sido una misa que tuve oportunidad de compartir con los cofrades de la Hermandad del Consuelo. En cualquier caso, tengo que aprovechar la ocasión para agradecer las innumerables muestras de cariño que he recibido en todos estos meses.

—Defínase como cofrade.
—Soy un cofrade genético, porque me apuntaron a la Hermandad de la Amargura el mismo día en que nací. Después hubo un tiempo en el que me aparté de este mundo, porque entendía que las cofradías no me aportaban nada. Con el tiempo he vuelto a participar en actos puntuales de mi hermandad, aunque no con la frecuencia que me gustaría porque no tengo tiempo. Mi espíritu es más de cola que de capa, pero la Amargura es mi vida y La Buena Muerte de Sevilla es mi espíritu.

—¿Qué papel desempeñan las hermandades en la sociedad del siglo XXI?
—Si se lo tomaran más en serio podría ser más importante aún de lo que es. A mi me hizo volver a las hermandades mi padre Jesús (Fernández de la Puebla) de mi alma. Ya he dicho que me alejé de las hermandades porque no me aportaban nada. Una vez, en Londres, participé en un turno de vela al Santísimo de 48 horas de duración. Y sentí allí algo que mi hermandad sólo me ofrecía el Miércoles Santo. Al margen de la acción social, la gran labor que hacen las hermandades es acercar a la gente a Dios. El padre Jesús decía que todo esto merecía la pena si una sola persona era capaz de acercarse a Dios en Semana Santa. Sacar a los pasos a la calle ya es importante.

—¿Qué le falta y qué le sobra a la Semana Santa?
—La veo perfecta. La dejaba tal y como está. Luego están los debates sobre la Carrera Oficial, que si es muy larga, que si es muy corta... Pero todas esas son cuestiones coyunturales. El concepto en sí es perfecto, porque es la sublimación del espíritu de la Baja Andalucía y eso no admite modificaciones.

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