Selu Montes. Tradicionalmente en Jerez siempre ha habido una hermandad que ha permitido procesionar a mujeres en su cortejo. Hablamos de la Hermandad del Nazareno. Eran, y siguen siendo, conocidas popularmente como “Las Mujeres de Jesús”. Ya hay constancia en el año 1813 de un traslado de las Imágenes desde la Colegial a la Capilla de San Francisco, en el cual participaron “multitud de gentes de ambos sexos”.
Precisar desde qué año procesionan mujeres nazarenas en esta hermandad es casi imposible, pues se trata de una hermandad proveniente de otra de carácter gremial, fundada en 1584 y erigida hermandad en el año 1585, la Hermandad de San Andrés. Como al ser una hermandad gremial no tenía hermanas, no había necesidad de recalcar en el decreto aprobatorio la prohibición de que las hermanas fueran disciplinándose en procesión o cubiertas.
Algo similar sucede con la hermandad de la Expiración. Fundada en 1580 y constituida legalmente en 1588, esta cofradía procesionó durante todo el transcurso del s. XVII, e igualmente en el s. XVIII, siguiendo un esquema fijo, enraizado ya en la primera etapa fundacional de finales del s. XVI. En dicho esquema se incluía, tras el paso de la virgen, un tramo que se iniciaba con la “Cruz de las Mujeres”. Tras ella, iban innumerables mujeres portando velas encendidas. Un hermano con vara iba junto a la cruz de las mujeres para acudir a poner orden si hiciera falta en este sector final de la procesión.
En el s. XX, las hermanas del Nazareno, al igual que las de la Expiración, se limitaban a acompañar la procesión, una detrás de otra, sin dejar huecos entre ellas para presidencias o pasos, sin responder bajo ninguna circunstancia las vejaciones o insultos que sufrieran. Esta inquina se reactivó en los años 40 y 50 del s. XX, partiendo de hermanos de otras cofradías a los que parecía molestar que sendas corporaciones mantuvieran sus tradiciones.
Hemos de avanzar a la década de los 80 para encontrar a la siguiente Hermandad que, por permiso especial del Obispo Monseñor Rafael Bellido Caro, permitía a las mujeres realizar como nazarenas la Estación Penitencial. Se trata de la Hermandad de las Angustias. Sí que es cierto, que en esta década era frecuente que algunas mujeres, encubiertas por las mismas hermandades, vistieran el hábito nazareno. En cualquier caso, fue a raíz de este permiso que en Jerez las mujeres nazarenas quedaron constituidas oficialmente a partir de 1990 en la nómina de prácticamente todas las hermandades penitenciales.
El caso más contestado de incorporación de la mujer en el cortejo procesional, en Jerez, fue el caso de la Hermandad de la Amargura. Siendo Hermano Mayor Manuel Garrido Arcas, se sometió a Cabildo General el incluir a mujeres nazarenas, siendo su respuesta el no (votada por un buen número de mujeres de su nómina). Sin embargo, Monseñor Rafael Bellido Caro, por decreto, anuló la votación. A partir de 1995, las mujeres de la Amargura pudieron también realizar su Estación de Penitencia.
Fue así como Jerez, entre 1985 y 1995, solventó la inclusión definitiva de la mujer a las filas nazarenas de cualquier hermandad y cofradía. Un proceso sin estridencias, regular y escalonado que, salvo casos puntuales de hermandades que lo sometieron más a debate, concluyó con la apertura de los cortejos también a la mujer, algo que enriquece aún más si cabe a nuestra Semana Santa, pues en buena parte de las hermandades, son las mujeres y los niños los que conforman nuestros cortejos.
BIBLIOGRAFÍA
(Varios autores) Coordina REPETTO BETES, José Luis. La Semana Santa de Jerez y sus Cofradías. Historia y Arte. Tomo I. BUC. Jerez, 1996. Págs. 306-308, 314-315, 326-327.
HIDALGO Y ORTEGA, Andrés. Memoria Histórica de la Hdad. de Ntro. Padre Jesús Nazareno. Segunda Edición. Jerez, 2010. Págs. 121-131.
Fuente: www.jerezpenitente.es



