Manuel Serrano Jiménez. Sería muy difícil de explicar, al menos para mí, un pobre cofrade y el último en amor y devoción a María, lo que siento en estos días, en los que el recuerdo fluye en mi mente como un caudaloso río, en que terminan los actos que ha programado mi Hermandad para celebrar el L ANIVERSARIO DE LA BENDICIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LA ESTRELLA.
Son cincuenta años, y como dice la sevillana “agarrao a su varal”, los que en estos días pasan por mi mente y en ellos muchos recuerdos, mucha devoción, muchos sentimientos, mucho amor a la Madre de Dios. Este sentimiento de amor a la Virgen María no es nuevo, y muchos lo saben, nace en mí desde hace muchos años, tal vez mas de los que me acuerde.
Viene a mi memoria que el primer recuerdo que tengo de la Virgen de la Estrella es el de una Imagen de la Virgen María en una salita, que le llamábamos por aquel entonces en el Colegio “recibidor”, en la que una preciosa Imagen de la Virgen miraba a un niño que, asombrado, la miraba y se quedaba prendado de su cara, de sus ojos, de sus manos, de su porte, de su figura, de todo lo que sus pequeños e infantiles ojos recibían de aquella belleza de talla que aún no estaba siquiera bendecida.
El siguiente pasa por la procesión y la bendición Solemne por un Obispo, para mi, entonces niño con 10 años, muy grande, y la posterior Misa en el patio “principal” de mi Colegio de San José, con un patio repleto de personas. Tal como se puede apreciar en las fotografías existentes de aquel acontecimiento.
Luego, en mi juventud, he tenido maravillosas experiencias cerca de la Virgen que pasan por el recuerdo de vestirla (bueno es un decir), más bien ponerle alfileres en el lugar que me decía el recordado Pepe Gómez, sentado en una silla y con un bastón en su mano, con el que me daba cuando ponía mal un alfiler fuera del lugar que él me decía.
También al lado de Pepe Soto ayudándole en lo que podía o junto a Manolo Orellana, el siempre recordado “Vasco” intentando aprender a montar un paso de palio con la dificultad de hacerlo en lo que hoy conocemos como pasaje Hermano Eleuterio José, y que es el arco de salida de San José a la Plaza de San Marcos.
Posteriormente mi experiencia como costalero, bajo su paso, soñando con su cara desde la oscuridad de la trabajadera y rezándole Avemarías cada vez que paraba el paso aún a riesgo de que mis queridos compañeros de las trabajaderas me llamaran “pesao”.
O como olvidar el primer año que mi hijo “cogió la pata” el mismo lugar que yo, durante quince años había tenido el orgullo, la satisfacción y el honor de llevar bajo el palio de LA ESTRELLA.
Serían muchas las cosas a contar y poco el espacio, pero al última es la enorme satisfacción que, como Hermano Mayor, si Ella lo quiere voy a tener la suerte de vivir el sábado día 2 de Junio durante el Pontifical y por la tarde en la Procesión.
Es una más, de las gracias, de las muchas que Ella nos ha concedido a mi familia y a mi a lo largo de estos cincuenta años. Toda una vida. Toda una vida junto a Ella, la Madre de Dios, NUESTRA SEÑORA DE LA ESTRELLA, para que sea Ella la que nos lleve y nos guíe al cielo.
viernes, 1 de junio de 2012
Cincuenta años con La Estrella
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