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viernes, 17 de abril de 2015

José Antonio Zamora cerró ayer la VIII Semana de la Pobreza

Redacción. Ayer finalizó la Semana de la Pobreza que, en esta octava edición, Cáritas Diocesana de Asidonia-Jerez la ha enmarcado con el título “Mirar, conocer y actuar”. En esta última jornada han estado presentes Francisco Domouso, director de Cáritas Diocesana de Asidonia- Jerez y José Antonio Zamora, jefe del Departamento de Filosofía teórica y práctica del CSIC. En la presentación, Francisco Domouso anticipó algunas de las ideas que luego Zamora desarrollaría, afirmando que “todo parece indicar que no estamos ante una crisis más, sino ante una conjunción de varias crisis: de acumulación, social y ecológica… es decir, una crisis de civilización que exige un planteamiento radical”. Asimismo, Domouso agradeció a los asistentes su presencia en estos días y les animaba a estar presentes en la novena edición, el próximo año.


Por su parte, José Antonio Zamora, tras la reflexión de los días anteriores en los que nos hemos parado a "mirar" y "conocer" la realidad, planteó la necesidad de “actuar desde una esperanza activa”. Y tomó como punto de partida “el horizonte de la crisis” para entender desde ahí “los procesos sociales que están en marcha y los previsibles en el futuro”.

Y en este punto planteó la pregunta de “¿ante qué crisis estamos ahora?”, a lo que añadió que “parece que todo funcionaba muy bien y de pronto se produce un desequilibrio que hay que reajustar, ya que, tras treinta años de políticas neoliberales que han conducido a la economía en una dirección, parece que la crisis viene de fuera”. Y ante ello, afirmó rotundamente que “estamos ante una crisis que no es meramente económica, estamos ante una crisis civilizatoria y eso nos obliga a un replanteamiento, tenemos que cambiar completamente de mentalidad ya que el crecimiento infinito se acabó”.

Asimismo afirmó que “el problema es que no podemos relanzar la economía, aunque dicen que la salida está en el crecimiento”. De este modo, añadió que “va a ser muy difícil que el sistema capitalista tras la tercera revolución industrial vuelva a las tasas de crecimiento, de productividad… que tuvimos en los años cincuenta o sesenta y por eso no basta con plantear un problema de reparto, ya que con esta crisis los ricos se han enriquecido todavía más y los pobres han sido expoliados”. Además planteó que “si creciésemos económicamente nos estaríamos enfrentando a los límites ecológicos y a la crisis energética, nos estamos comiendo el planeta”.

Por ello, animó a que “tenemos que empezar a pensar en una alternativa radical a este sistema, que algunos la están pensando como un sistema de democracia económica, dar la vuelta a lo que ha sido el principio fundamental capitalista”, y así “volver a poner a la persona en el centro” y también “crear una forma diferente de organizar la producción, el consumo, el trabajo, la financiación de nuestra actividad económica”.

Y así, motivó a “empezar a pasar de este sistema a otro diferente con experiencias nuevas de economía solidaria, social, no centradas en el lucro… ya que ahí es donde las entidades sociales tienen que poner su mirada para escapar de la trampa que nos pone la crisis de quedar absorbidos por la beneficencia”.

También reflexionó sobre valores que deben cambiar, destacando que “se nos han invertido los fines y los medios, pensamos que más es mejor o que el único criterio que vale es la rentabilidad”. Ante ello, destacó que “es necesario fomentar un sentimiento de compartir lo común, de ver al otro como un hermano, así como descubrir que la cooperación da mejor resultados que la competitividad o conceder prioridad a los fines sobre los medios”, entre otros ejemplos para este cambio.


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