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miércoles, 4 de septiembre de 2013

"Sí sabemos lo que tenemos"


Antonio Moure SánchezAndrés es muy dado a decir aquello de "no sabemos lo que tenemos" para referirse a actos, por lo general, cofrades que destacan por su exquisitez y grandeza y que, sin embargo, no reciben la respuesta de público que debiera o teniéndola, éste no supo apreciar los brillos del diamante que tenía por delante.
Jerez, nuestro Jerez, es muy puñetero. Es así. Es a partes iguales genial y mediocre, generoso al igual que envidioso, amigo de sus amigos y también de sus enemigos. Y en esta dicotomía, en estos dos hemisferios cerebrales de su forma de ser tenemos que aceptar cómo es de suerte que en esta aceptación se encierra la afirmación misma de que Jerez es único.

Lo demuestra siempre y eso, en el fondo, nos encanta. Ese chovinismo, a veces cogido con alfileres y otras tantas con mas razones que un santo, es necesario pero en la dosis justa para no llegar al paroxismo. Decía el pregonero de la Esperanza -como dicen en todo el barrio- que "La Plazuela es la Plazuela" y así debe ser.
En un tiempo donde lo global asfixia a las tradiciones, donde lo singular es calificado de vetusto, arcaico o anacrónico por las voces apocalípticas de la modernidad, ese reducto de jerezanía, de sinceridad compartida, de canto a las esencias que reposan en almenas, espadañas y bodegas deben ser "maná" para los que creemos todavía que al beber una copa de oloroso estamos bebiendo la historia de nuestra tierra.
Muchos sienten vergüenza y quieren que nos avergoncemos de ese  Jerez profundo que late en la ciudad del siglo XXI y que asoma oliendo a azahares o que baila al compás de unas bulerías o se pasea a caballo por el Real de la Feria. Pues yo no.
Actos como el vivido el pasado sábado en Villamarta me lo reafirman. Tuvimos a un pregonero que, pese a haberlo escuchado mil veces, manejó una sinceridad que me desmadejó el corazón al tratar de este tiempo de oscuridades del que nadie se libra. Hizo vibrar al respetable dibujando verdaderos cuadros en verso sobre el barrio, sus dudas e incertidumbres vitales, los niños de la hermandad, la propia cofradía... O la restauración de la Esperanza y su restaurador, que llenaron de lágrimas mas de un pañuelo.
Todo lo hablado, cantado, rezado, musitado y regalado me ató a ese Jerez de mis amores y desamores gracias a un Andrés sublime.
Sí sabemos lo que tenemos Andrés y, por eso, Jerez buscó la Esperanza derramada en tus folios y fue consciente de que algo muy grande se les iba a proclamar. Sí sabemos que tenemos pregonero y pregón y que hay un deber no escrito de acelerar los pulsos incluso de aquellos que no creen en nuestras cosas.
En estos días de "cristianofobia" que vivimos, de tolerantes intolerantes, de un individualismo despiadado vestido de redes sociales, de un ruido vacío y sin eco, de un progresismo de Wikipedia y autorretrato, qué quieren que les diga, las palabras del pregonero me supieron a lo que siempre he vivido -con sus luces y sombras- y que ha abocetado a la persona que hoy soy.
Sí, decididamente, sí sabemos lo que tenemos y lo que somos y Villamarta volvió a demostrarlo tanto como los miles de jerezanos que siguieron el pregón a través de los medios de comunicación.
Enhorabuena pregonero y gracias por hacerlo posible.


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