Francisco C. Aleu. Las cofradías celebran en poco más de un mes la que se supone es la madre de todas las elecciones, aquella en la que se elige a la persona que en adelante presidirá el Consejo Local de la Unión de Hermandades. Quienes permanecen ajenos a nuestras cosas entienden que el presidente del órgano que tiene su sede en la calle Curtidores viene a ser algo así como el máximo representante de los cofrades jerezanos.
Sin embargo, esa afirmación dista bastante de ser realidad. Basta con repasar el procedimiento de elección del presidente para darse cuenta de que no es así. Los candidatos deben ser propuestos por los propios hermanos mayores, algo que de entrada limita bastante la capacidad de representación de los aspirantes. Además, deben haber ejercido con anterioridad la presidencia de alguna junta de gobierno.
Por si fuera poco, son los hermanos mayores quienes tienen la capacidad exclusiva de ejercer su derecho al voto, sin estar obligados a evacuar consulta a sus respectivas juntas de gobierno y, mucho menos, a los cabildos generales de hermanos que a su vez les eligieron. Manuel Muñoz Natera o Pedro Pérez Rodríguez serán por tanto presidentes de un Pleno integrado a su vez por presidentes.
Este modelo de representación se asemeja por tanto al de las federaciones de municipios, órganos integrados en exclusiva por alcaldes que eligen a su vez a un presidente sin contar con la opinión de sus respectivos plenos. Y nadie considera que estas federaciones sean legítimas representantes de la ciudadanía, que evidentemente cuenta con otros órganos de representación, como el Congreso de los Diputados, el Parlamento autonómico o los propios plenos municipales.
Nadie confunda por tanto el tocino con la velocidad. Ni el Consejo Local de la Unión de Hermandades es el órgano de representación de los cofrades, ni mucho menos su presidente se convierte en la cabeza visible del orbe cofradiero. Las hermandades funcionaron durante siglos sin la presencia del ente que ahora tiene su sede en la calle Curtidores y sobrevivirían sin duda alguna en caso de que sus puertas se cerraran para siempre. Igual que los ayuntamientos funcionarían sin la FEMP.
lunes, 12 de septiembre de 2011
Un presidente para un Pleno de presidentes
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