Enrique V. de Mora.
Yo te he visto amortajado
vivo ante Dios, y aquí muerto,
y tu bandera del Huerto
sobre el féretro callado.
Las medallas que has dejado,
las vi llorar de emoción,
o tal vez fue la ilusión,
pensando que ya estarías
rezando un Avemaría
junto a la Confortación.
Tres medallas sobre tí
Piedad, Huerto y Soberano
y el Palermo que en tu mano
siempre orgulloso te ví.
Aquella tarde sentí
el alma rota y dolida
y con mi voz malherida
por tu adiós y por mi pena
puse mis manos serenas
A escribir de tu partida.
Te has marchado con la luz
de un cielo azul de romeros
y de cantos rocieros
Bajo este cielo andaluz.
Junto a tu cuerpo el capuz
de tu amada cofradía,
y en el Coto la elegía
Que pregonaba una ausencia,
Y tú, envuelto por la esencia
Del Rocío de María.
Marismas las de los cielos,
morada de los mejores
con Simpecados de flores
sin penas ni desconsuelos.
marismas las de los vuelos
a las que un ángel se asoma
y con sus alas te aroma,
Pepe Antonio, y de tu mano
va repitiéndote: ¡Hermano!
¡Viva esa Blanca Paloma!
viernes, 21 de mayo de 2010
En memoria de Pepe Antonio González de la Peña
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