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miércoles, 19 de agosto de 2009

"La Borriquita" se está restaurando

La rápida gestión de la hermandad lasaliana salvará una de las imágenes secundarias más representativas de nuestra Semana Santa

Francis Castell. Según ha podido conocer esta redacción, el jerezano Agustín Pina, especialista en la conservación de arte, está restaurando la popular imagen de "la borriquita" que tallara Tomás Chaveli para la Hermandad con sede canónica en la Capilla del Colegio de San José.
Sin lugar a dudas, se trata de una de las imágenes secundarias más queridas y representativas de nuestra Semana Santa, ya que de esta forma es conocida popularmente la cofradía que abre, cada Domingo de Ramos, la Semana Santa jerezana.
Después de un importante estudio encargado por la actual Junta de Gobierno que preside D. Manuel Serrano Jiménez, se ha podido comprobar que los problemas de conservación que presenta la obra tienen un origen diverso, principalmente por las deficiencias de ejecución, el envejecimiento sufrido en los años transcurridos desde su ejecución y ocasionados por golpes y efectos de manipulación y por la intervención de manos no aptas.
En una de estas desafortunadas intervenciones, probablemente por lo deteriorado del estado de la peana original, ésta fue amputada y sustituida por otra nueva, confiando la sujeción a la varias escuadras metálicas fijadas tanto a las patas como a la peana mediante tornillos, cubriendo las zonas con yeso, material altamente higroscópico que ha contribuido a la oxidación de los referidos elementos metálicos.
Esta situación, en la que el plano de apoyo de las patas sobre la tabla de la peana presentaba notables irregularidades era la principal causa de la inestabilidad y movilidad que ofrecía la obra, especialmente durante las salidas procesionales. Como consecuencia de estas tensiones, parte de los añadidos de yeso se desprendieron, dejando aflorar la grave situación de los lugares de los cuales depende la estabilidad de todo el conjunto.
Toda esta problemática ha repercutido en los ensambles de las patas con el conjunto, creando tensiones que se traducen en la apertura de los mismos. Se han constatado fisuras y grietas de diferente entidad y magnitud tanto en los cuartos traseros como en los delanteros. A su apertura han podido contribuir también deficiencias en el proceso de secado de los tableros empleados al realizar la obra.
Las orejas son elementos frágiles que han sufrido golpes y roturas por su prominencia y su desapego del conjunto. En su base se puede constatar otra de las intervenciones a las que hemos hecho referencia. Como "remiendo" para alguna de estas roturas, se ha recurrido a la utilización de gruesas puntillas. También se ha procedido al "vendado" de las mismas mediante tiras de lienzo encolado, combinado con estopa. Ni que decir tiene que para camuflar todo este "arreglo", la zona ha sido convenientemente repintada.
Con la intención de conseguir el mayor efecto de realismo, la obra presenta en el cuerpo un acabado de estopa encolada y estucada, que imita muy satisfactoriamente el pelaje rudo de los asnos. Pero este recurso tiene como inconveniente su gran fragilidad, como lo demuestra el hecho de que en la actualidad ha perdido la consistencia en amplias zonas.
El parejo o estuco, ha sido también usado para cubrir algunas imperfecciones en el acabado de la talla. Este grueso excesivo en determinadas zonas es el origen de las pequeñas grietas que se aprecian.
Por último y tratando los valores cromáticos, además de los repintes de la base de las orejas ya mencionados, se pueden apreciar otros puntuales distribuidos por toda la obra, así como la presencia de un estrato superficial de suciedad compuesta por la acumulación de polvo ambiental y restos grasos del uso de algún limpiador doméstico.

Proceso de restauración

En primer lugar, Agustín Pina está devolviendo al conjunto la estabilidad perdida, volviendo a situar la talla sobre una peana similar a la original.
Para la fijación de la talla sobre el nuevo tablero ha sido preciso comenzar por eliminar los añadidos y recrecidos de yeso, recuperando la configuración original de los tacones de las patas (prolongaciones de los puntos de apoyo que fijan la obra a la peana embutiéndose en ella).
A la nueva peana se le añadirán en superficie piezas que permitan elaborar un efecto de empedrado, con cuyos volúmenes se procurará abrazar los puntos de anclaje para reforzar la estabilidad de la talla.
Con la burra ya firme sobre su nuevo soporte, este será estucado y policromado para no romper la unidad estética del conjunto.
En segundo lugar, los ensambles de las patas serán convenientemente tratados inyectando los adhesivos oportunos, devolviendo las piezas a su lugar de origen cuando sea posible, y sellando las grietas.
En lo referente a las orejas, como paso inicial habrá que eliminar todos los elementos añadidos. Una vez recuperados los niveles originales, y dependiendo del tipo de daños que existan se procederá en consecuencia, encolando, espigando e incluso reconstruyendo los fragmentos perdidos.
Posteriormente, mediante la aplicación de colas y resinas consolidantes se devolverá la rigidez, en las zonas más evidentes, al pelaje de estopa. Esta operación servirá también para fijar el estuco en aquellas zonas donde su adherencia no sea satisfactoria.
En el aspecto cromático, además de eliminar los diversos repintes que afectan a las orejas, los cascos y algunas otras zonas, se eliminará en la medida de lo posible el estrato de grasa y suciedad que la cubre.
Finalmente, se reintegrarán los estratos de preparación en aquellos lugares donde su falta sea evidente, haciendo lo propio con la capa pictórica.
Como última operación, se proporcionará a todo el conjunto un último estrato que actúe como protección.

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