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domingo, 28 de junio de 2009

María, Esperanza de los Niños

Redacción. La Hermandad de la Yedra, en manifiesto emitido el pasado día 13 de Marzo, ya afirmaba que no podíamos permanecer impasibles ante el anuncio realizado por el Ministerio de Igualdad de que el Gobierno presentaría el proyecto de una nueva normativa para la interrupción voluntaria del embarazo. Y no podíamos guardar silencio porque siempre estaremos en defensa de la vida humana en todos sus aspectos pues creemos que todo ser humano tiene un valor intrínseco e inviolable.
Hecho ya público, el pasado día 14 de Mayo, el denominado "Anteproyecto de Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo" recordamos y recalcamos, una vez más, que esta iniciativa gubernamental afecta a la dignidad humana y sus derechos.
Es un conflicto entre la cultura de la muerte y la cultura de la vida. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término: nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente.
La mera voluntad de la gestante anula el derecho a la vida del que va a nacer. No se apoya a la mujer para ahorrarle el trauma del aborto y sus graves secuelas, se facilita a las gestantes la eliminación de sus hijos, en lugar de proteger la maternidad y la familia para evitar las mujeres se conviertan en víctimas del aborto.
Junto a la Conferencia Episcopal Española en su Declaración al respecto del 17 de Junio, recordamos que en el caso de una ley intrínsecamente injusta, como la que admite el aborto o
la eutanasia, nunca es lícito someterse a ella, ni participar en una campaña de opinión a favor de una ley semejante, ni darle el sufragio del propio voto. (Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium Vitae, 73).
La eliminación directa y voluntaria de un ser humano inocente es siempre gravemente inmoral. Ninguna palabra puede cambiar la realidad de las cosas: el aborto procurado es la eliminación deliberada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento.
María es la mujer que nos da el mejor ejemplo de como acoger la vida.
Por ello, María es Esperanza de los Niños.

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