Si desea descargar un sonido de nuestro reproductor, pinche con el ratón sobre el título del sonido seleccionado.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

"Las lecciones de Dios"

Óscar Torres. Tras una hora de espera, llegó. Cuando lo vimos acercarse, fue... como un soplo de primavera rasgando la fria noche sevillana. Llego, y arrió ante nosotros. Intentábamos rezar, pero no era posible. Él siempre nos deja sin palabras. Nos callamos por respeto, pero también por una irrefrenable fuerza que hace que nuestro corazón lata más rápido, más fuerte... más intensamente.
Llegó y se fué, sin irse, pues siempre se queda, y cada día más.
Pasó el Señor y fue entonces cuando fuimos capaces de asimilar y comprender que Dios habita en nosotros, y que somos templo del Espíritu Santo. Dotados de la gracia de la fe, un dogma que se rompe, pues vemos a Dios, y hasta somos capaces de tocarlo, solo, porque él quiere.
Cuando todo había pasado, comprendimos que Dios ni viene, ni pasa ni se va, pues el Señor, el Gran Poder de Dios, permanece y habita en nosotros.
Por eso somos capaces de levantarnos ante las adversidades, seguir adelante cuando perdemos a un ser querido, marcados por siempre y para siempre por el vacío que deja una madre, un padre o un hijo, o volver a sonreir cuando perdemos al amor de nuestra vida, víctimas, posiblemente, de alguna torpeza cometida... por amor.
El Señor rodeado de su gente, mucha gente, recorrió Sevilla humildemente, sobre una alfombra de claveles, para dar ejemplo.
En estos tiempos en que algunos individuos se empeñan en negarlo, Él sale a la calle, dispuesto a poner de nuevo la otra mejilla, ofreciendo sus manos por si queremos volver a traspasarlas con los clavos de la injusticia, dispuesto a descubrir su espalda para que vuelva a ser flagelada por la falta de caridad, esa que ha de empezar por uno mismo... de nuevo su costado, abierto y dejando escapar chorros de sangre redentora.
El Gran Poder, ese que algunas equivocadas crónicas decían que volvía a su casa, cuando su casa es el universo, San Lorenzo, Santa Rosalía y allá donde se encuentre un corazón limpio que sea capaz de dar las gracias por un nuevo amanecer, por el brillo de una estrella, o por un trozo de pan para llevarnos a la boca.
Salió el Gran Poder, recorrió las calles, enmudeció al pueblo, se cortaron calles, se encendieron cirios... y el Señor volvió a darnos una lección, que a pesar de todo, el sigue dispuesto a morir y resucitar por nosotros... ¿Seremos capaces de aprender las lecciones de Dios? Al menos, vamos a intentarlo.

0 comentarios :

Publicar un comentario

Agenda