Si desea descargar un sonido de nuestro reproductor, pinche con el ratón sobre el título del sonido seleccionado.

viernes, 8 de julio de 2011

Recuerdos (I)

Hdad. del Santo Crucifijo. Ocurrió en la pasada madrugada del Viernes Santo. Llovía, y de manera tremenda en algunos momentos, como todos recordamos. Pese a ello nuestros hermanos, nazarenos, penitentes, costaleros, acereros, iban llegando y cumpliendo el ritual establecido: entrega de la papeleta de sitio, repaso del atuendo, repetición del juramento, beso a los Evangelios… Un pequeño revuelo se organizó en la puerta de acceso de la Sacristía a la Iglesia rompiendo el silencio que vivíamos en San Miguel. Varios hermanos, con esfuerzo, bajaban una silla de ruedas. En ella nuestro hermano Javier, con una alegría manifiesta, llegaba enfundado en su túnica nazarena para ocupar su sitio y realizar su especial de Estación de Penitencia junto a todos sus hermanos en el Santo Crucifijo.

Esta vez llevaba una cruz especial, la suya propia, la que había asumido en una jornada aciaga allá en Galicia, hace ya casi un año, en la que un simple y feliz baño en la playa se convirtió en una tragedia por culpa de una ola maldita que lo arrastró, lo hizo tropezar con otros bañistas, y lo dejó prácticamente moribundo. Todos pedimos por él, todos vivimos una Misa preciosa en nuestro Sagrario junto a sus tíos, a sus primos, a su familia. Todos nos colocamos delante del Santo Crucifijo y de nuestra Madre bendita de la Encarnación aquel día y otros muchos días más para pedirle que sanaran a Javierote, que le dieran la vida a aquel hermano nuestro de poco más de veinte años, que volviera a estar entre nosotros.

Pedimos, y mucho. Las noticias, terribles al principio, fueron evolucionando: lo han operado unos doctores portugueses para solucionar un problema en el cuello y cabeza, ha empezado a tener conciencia, mueve algo los brazos, se lo traen a Sevilla, ya tiene algo de fuerza en los brazos… Y sus tíos, sus primos, su familia, siempre nos decían lo mismo cuando preguntábamos: Javier está animado hasta tal punto que es él quién insufla alegría y vigor a cuantos tiene a su alrededor.

Es un auténtico ejemplo de fuerza, de fe. Hay que seguir pidiendo, hay que seguir rezando. Unas semanas después, uno de sus tíos nos hizo una pregunta que nos dejó helados: “Javierote me ha dicho que quiere salir de nazareno el año que viene aunque sea en silla de ruedas, ¿podrá hacerlo?. Pues claro, aunque tengamos que inventarnos un sitio para él. Y allí estaba, junto a otros diez miembros de su familia, pese a la lluvia, con una sonrisa deslumbrante. ¿Cómo estás? Fantástico, muchas gracias. Así de rotunda y de corta fue su respuesta. Ya no volvió a decir nada más: cumplía nuestra norma de silencio, estaba enfundado en el hábito nazareno, se cubrió la cabeza con el capuz, no quería hablar, era un penitente más.

Podríamos hablar aquí del testimonio de Javier, de su enorme fe, de la fuerza que recibe de Dios, de su amor a nuestros titulares, de su sentimiento cofrade, de su capacidad para luchar y no resignarse ante nada ni ante nadie. Pero no lo vamos a hacer porque, simplemente, no es necesario. Su ejemplo es tan patente, tan claro, que a nosotros sólo nos queda aprender de este joven hermano nuestro que sigue luchando con la ayuda y la fuerza de su fe.

Sólo nos queda aprender, y rezar, rezar mucho, para que en la próxima madrugada del Viernes Santo podamos verlo de nuevo enfundado en su túnica de nazareno y con esa cara de felicidad que nos llega al corazón y nos hace darnos cuenta de cuánto merece la pena ser y sentirnos hermanos del Santo Crucifijo de la Salud.

0 comentarios :

Publicar un comentario

Agenda